Por Diana Zepeda
Eres tan bella como la mañana,
radiante como el sol,
eres agua clara y fresca
dulce néctar, hermosa flor.
Eres suave brisa
agua cristalina en el mar,
agradable melodía
mágico cantar.
Deseo tu bien
con toda el alma,
larga y buena vida,
infinita dicha.
Miércoles de Poesía. Hola, bienvenido seas a esta página, en la que encontrarás a manera de signos gráficos el contenido de mis pensamientos, ideas, recuerdos, experiencias y emociones. Podrás disfrutar también de poemas de reconocidos autores. Recuerda visitar cada mes, hallarás una nueva publicación, no olvides comentar. Hasta pronto.
miércoles, 21 de enero de 2015
miércoles, 16 de julio de 2014
Redondillas
Por: Sor Juana Ines De La Cruz
Hombres necios que acusáis
a la mujer, sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis;
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.
Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis
para prentendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.
¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?
Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
Opinión, ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.
Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.
¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende?,
¿si la que es ingrata ofende,
y la que es fácil enfada?
Mas, entre el enfado y la pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.
Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?
¿O cuál es de más culpar,
aunque cualquiera mal haga;
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?
¿Pues, para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.
Hombres necios que acusáisa la mujer, sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis;
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.
Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis
para prentendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.
¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?
Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
Opinión, ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.
Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.
¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende?,
¿si la que es ingrata ofende,
y la que es fácil enfada?
Mas, entre el enfado y la pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.
Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?
¿O cuál es de más culpar,
aunque cualquiera mal haga;
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?
¿Pues, para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.
jueves, 12 de junio de 2014
Frente al espejo
Por Diana Zepeda
Fotografía: Natalia Rujana
De nuevo, como es lo habitual
en la vida, he vuelto a tropezar.
Me he topado tan duras rocas
y he caído al suelo sin luchar.
Al abrir las puertas del armario
saltaron los defectos olvidados,
temores secretos y escondidos
me fueron de pronto revelados.
Encontré sueños rotos en el cajón,
vi tras la cortina una mentira,
excusas por toda la habitación,
bajo la cama, culpas y rencor.
La pared, la silueta dibujaba
de mi oscura y grande sombra,
y finalmente, frente al espejo
tan solo la que soy, se me mostraba.
No quise ver mi reflejo todavía,
coloqué todo en mi equipaje
dejando la habitación vacía,
con las reliquias me fui de viaje.
Únicamente allá, en soledad
dejé ir lo que no necesito más.
Adiós rencores y limitaciones
ahora pueden volar en libertad.
Y sin nada mas que un espejo
y una habitación que decorar
vi entonces a la mujer que soy
y sin duda, la he vuelto a amar.
Fotografía: Natalia Rujana
De nuevo, como es lo habitual
en la vida, he vuelto a tropezar.
Me he topado tan duras rocas
y he caído al suelo sin luchar.
Al abrir las puertas del armario
saltaron los defectos olvidados,
temores secretos y escondidos
me fueron de pronto revelados.
Encontré sueños rotos en el cajón,
vi tras la cortina una mentira,
excusas por toda la habitación,
bajo la cama, culpas y rencor.
La pared, la silueta dibujaba
de mi oscura y grande sombra,
y finalmente, frente al espejo
tan solo la que soy, se me mostraba.
No quise ver mi reflejo todavía,
coloqué todo en mi equipaje
dejando la habitación vacía,
con las reliquias me fui de viaje.
Únicamente allá, en soledad
dejé ir lo que no necesito más.
Adiós rencores y limitaciones
ahora pueden volar en libertad.
Y sin nada mas que un espejo
y una habitación que decorar
vi entonces a la mujer que soy
y sin duda, la he vuelto a amar.
miércoles, 16 de abril de 2014
Miedo a estar sin ti.
Por Diana Zepeda

A veces tengo miedo,
miedo de que la muerte
me separe de ti.
Convertirme en nada,
y no estar mas junto a ti.
Miedo a que te vallas tu
a un lugar lejano y desconocido
inaccesible para mi.
Miedo a quedarme sin ti
de cualquier manera.
Nos hemos prometido
un amor eterno,
olvidando que somos
tan solo temporales,
marcados con fecha
de caducidad.
Igual que las flores
nos llegamos a marchitar,
podemos brillar, florecer
y sin embargo
es nuestro destino perecer.
Pido a Dios
que allá en lo lejano,
en la eternidad,
en otra vida,
en otro tiempo quizá
nos permita
volvernos a encontrar
y ser de nuevo
lo que fuimos:
esposos, padres, hijos,
hermanos o amigos,
y sin ofenderle
en lo absoluto,
con toda el alma
volvernos a amar.

A veces tengo miedo,
miedo de que la muerte
me separe de ti.
Convertirme en nada,
y no estar mas junto a ti.
Miedo a que te vallas tu
a un lugar lejano y desconocido
inaccesible para mi.
Miedo a quedarme sin ti
de cualquier manera.
Nos hemos prometido
un amor eterno,
olvidando que somos
tan solo temporales,
marcados con fecha
de caducidad.
Igual que las flores
nos llegamos a marchitar,
podemos brillar, florecer
y sin embargo
es nuestro destino perecer.
Pido a Dios
que allá en lo lejano,
en la eternidad,
en otra vida,
en otro tiempo quizá
nos permita
volvernos a encontrar
y ser de nuevo
lo que fuimos:
esposos, padres, hijos,
hermanos o amigos,
y sin ofenderle
en lo absoluto,
con toda el alma
volvernos a amar.
miércoles, 29 de enero de 2014
Poema XX
Por Pablo Neruda
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos
árboles.
árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis
brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
miércoles, 25 de diciembre de 2013
TE QUIERO
Por Diana Zepeda
Te quiero porque me quieres
te quiero por tus virtudes,
te quiero porque me quieres
te quiero nunca lo dudes.
Amo cuando ríes
te amo cuando lloras
amo cuando tienes prisa,
y te amo cuando demoras
Te amo aquí y en China
en andrajos o ropa fina,
en el fracaso y en la victoria
en álgebra como en historia.
Te quiero porque me quieres
te quiero por tus virtudes,te quiero porque me quieres
te quiero nunca lo dudes.
Amo cuando ríes
te amo cuando lloras
amo cuando tienes prisa,
y te amo cuando demoras
Te amo aquí y en China
en andrajos o ropa fina,
en el fracaso y en la victoria
en álgebra como en historia.
miércoles, 23 de octubre de 2013
El hombre de piedra
Por Diana Zepeda
El hombre de piedra
un día despertará
cansado y viejo
en terrible soledad.
Aquellos que lo amaron
y sin pena despreció
se habrán agotado
de buscar su amor.
Morirá en el olvido
con el corazón seco,
antes de partir no habrán
bellos recuerdos que añorar.
Verá ante su mirada fría
la corta vida pasar
sabrá que vivió equivocado
sin rumbo, de aquí para allá.
Volando como el viento,
cerca y después tan lejos,
desvaneciéndose en un instante
como las olas en el mar.
Dios perdone su egoísmo
y su falta de humildad,
lo reciba en su seno
en su infinita bondad.
Pediré cada día
por su alma perdida
que rectifique su vida
y no tenga un triste final.
Soñaré que ha vuelto,
abrazaré su recuerdo
y lo amaré desde lejos,
aunque no vuelva más.
El hombre de piedraun día despertará
cansado y viejo
en terrible soledad.
Aquellos que lo amaron
y sin pena despreció
se habrán agotado
de buscar su amor.
Morirá en el olvido
con el corazón seco,
antes de partir no habrán
bellos recuerdos que añorar.
Verá ante su mirada fría
la corta vida pasar
sabrá que vivió equivocado
sin rumbo, de aquí para allá.
Volando como el viento,
cerca y después tan lejos,
desvaneciéndose en un instante
como las olas en el mar.
Dios perdone su egoísmo
y su falta de humildad,
lo reciba en su seno
en su infinita bondad.
Pediré cada día
por su alma perdida
que rectifique su vida
y no tenga un triste final.
Soñaré que ha vuelto,
abrazaré su recuerdo
y lo amaré desde lejos,
aunque no vuelva más.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Dolor
Alfonsina Storni
Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.
Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.
Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...
Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.
Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.
Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.
Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...
Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.
miércoles, 14 de agosto de 2013
No puedo vivir sin ti
Por Diana Zepeda
Qué absurda y enferma
me parecía la frase:
“ No puedo vivir sin ti”
Hasta hoy comprendo,
Porque hasta hoy siento
Como algo falta cuando
Tu no estás, que algo muere
Dentro de mí, cuando te vas.
No puedo vivir sin ti
No porque muera en realidad,
Sino porque de alguna manera
Extraña y funesta, dejo de respirar.
Mis ojos no brillan más,
Me endurezco y me amargo
Solo porque no estás.
Sé que mucho valgo,
Sé que junto a ti hay muchos más,
Y qué me importan los demás,
Si eres tú a quien elegí para amar.
Qué absurda y enferma me parecía la frase:
“ No puedo vivir sin ti”
Hasta hoy comprendo,
Porque hasta hoy siento
Como algo falta cuando
Tu no estás, que algo muere
Dentro de mí, cuando te vas.
No puedo vivir sin ti
No porque muera en realidad,
Sino porque de alguna manera
Extraña y funesta, dejo de respirar.
Mis ojos no brillan más,
Me endurezco y me amargo
Solo porque no estás.
Sé que mucho valgo,
Sé que junto a ti hay muchos más,
Y qué me importan los demás,
Si eres tú a quien elegí para amar.
miércoles, 17 de julio de 2013
Una noche serena
Por Diana Zepeda
Quiero un vestido nuevo
y unos zapatos de tacón,
quiero darte un gran beso
y pintarte de color.
Medias blancas
y un peinado de salón,
robarte un suspiro
lograr tu atención.
Quiero al ver tu rostro,
hallar amor en tu mirada,
en tus oscuras pupilas
mi sonrisa reflejada.
Quiero una fina caricia,
una dulce promesa,
tu palabra de honor
sellada por un beso de amor.
Al caminar de tu brazo
en una noche serena,
quiero ver tus ojos
brillar como estrellas.
Quiero verte galante
romántico y seductor,
que permanezca siempre
lo que de ti me enamoró.
Quiero una copa
de suave vino
para brindar contigo
esta noche serena.
No escucharé condenas,
murmullos o desprecios,
no tendré disgustos
ignoraré a mirones y necios.
Quiero andar a tu lado
por un nuevo camino,
iniciar juntos un viaje
que dure toda la vida.
Quiero en cada tropiezo
una nueva oportunidad,
un lienzo en blanco donde pueda
contigo, mis suenos dibujar.
Quiero un vestido nuevo
y unos zapatos de tacón,
quiero darte un gran beso
y pintarte de color.
Medias blancas
y un peinado de salón,
robarte un suspiro
lograr tu atención.
Quiero al ver tu rostro,
hallar amor en tu mirada,
en tus oscuras pupilas
mi sonrisa reflejada.
Quiero una fina caricia,
una dulce promesa,
tu palabra de honor
sellada por un beso de amor.
Al caminar de tu brazo
en una noche serena,
quiero ver tus ojos
brillar como estrellas.
Quiero verte galante
romántico y seductor,
que permanezca siempre
lo que de ti me enamoró.
Quiero una copa
de suave vino
para brindar contigo
esta noche serena.
No escucharé condenas,
murmullos o desprecios,
no tendré disgustos
ignoraré a mirones y necios.
Quiero andar a tu lado
por un nuevo camino,
iniciar juntos un viaje
que dure toda la vida.
Quiero en cada tropiezo
una nueva oportunidad,
un lienzo en blanco donde pueda
contigo, mis suenos dibujar.
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